Hacia la hora sexta las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y al decir esto expiró.

 

 

 

Lucas 23, 44-46.

 

Esta marcha es la única de Víctor Ferrer por el momento que no está dedicada a ninguna hermandad ni cofradía, sino a la propia banda de Ogíjares. Su sonoridad hace que sea en algunos pasajes muy descriptiva, pudiendo hablar como hicieron algunos en su momento de un poema sinfónico. El poema sinfónico, no obstante, llegaría en 2010 con La Última Noche, quedando Crucifixión casi como un paso intermedio. Lo que está claro es que no es una marcha procesional al uso. 

Cuatro notas, correlativas, tres ascendentes y una descendente; se repiten tres veces y a la cuarta varían para dar paso al siguiente periodo. Este motivo aparentemente tan sencillo es el germen de toda la música que viene detrás, y asimismo será el hilo conductor a lo largo de la obra. Empieza suavemente, creando expectación, y cada cuatro compases se van añadiendo instrumentos y segundas voces. Un crescendo progresivo desemboca en un tutti poderoso, el clímax de esta introducción.  A partir de ahí la sencillez inicial se complica, dando lugar a una serie de intrincados pasajes de valores muy cortos, que contribuyen a generar tensión de nuevo para descargar poco después.

Tras esta segunda descarga, en un clima de tranquilidad entra el primer tema. Este primer tema también es sencillo, y habla de resignación ante el amargo castigo y de tristeza por la incomprensión ante tanta crueldad. Este primer tema avanza con incorporaciones de más instrumentos, variando para dar paso a la siguiente sección.

La siguiente melodía no empieza en un fuerte, como cabría esperar, sino que empieza de manera suave, para después subir progresivamente. Una vez más la tensión va aumentando poco a poco, hasta desembocar en el fuerte central. Este fuerte tiene un ritmo muy marcado, contundente e incisivo, con un martilleo constante en las trompetas que le confiere mucha fuerza. Queda de manifiesto la violencia de la crucifixión, incluso con efectos sonoros de martillazos sobre madera. No es, ni mucho menos, el típico fuerte al que estamos acostumbrados, sino que su carácter nos transmite esa agitación, esa sensación de desasosiego ante la violencia y la destrucción.

El fuerte se apaga poco a poco, incidiendo en el motivo inicial, para dar paso a un cambio de tono. Tercer tema, lírico, melancólico, que transmite tristeza al mismo tiempo que tranquilidad. Lo presentan un fagot, un oboe, un clarinete y una flauta, para después repetirse con el resto de la banda y un acompañamiento más rítmico. Al final vuelve a aparecer el sencillo motivo del principio, ya en otra perspectiva, para dar coherencia a la composición. Además acabando en modo mayor, dando pie a la esperanza después del carácter más bien sombrío de toda la obra.

2012 © CREOWEBS. Diseñamos y creamos